El 26 de diciembre, el convento nuevamente se lleno de gozo, pues ahora las Señoras que año con año han apoyado en la Caminata Navideña de la Paz incondicionalmente en la preparación de los alimentos, nos acompañaron arrullando al Niño Dios y poniendo en sus manos lo que vivía su corazón.
Después de dicho momento de oración, compartieron los alimentos y se retiraron muy felices con su bolsita de dulces.
Este es un gesto de gratitud a las señoras, vecinas de nuestra colonia, que con amor prestan este servicio a toda la comunidad.